Hay diversos motivos por los que una persona puede tomar edulcorantes, bien porque sea diabética o porque quiera reducir peso. A veces es por la simple convicción personal de que necesitamos mantener a raya la ingesta de comidas con azúcares añadidos y los suplimos por otros edulcorados.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que un adulto no debe sobrepasar los 50 g/día de azúcar, lo que supone 10 de cada 100 gramos de las sustancias energéticas que se toman diariamente, sin tener en cuenta el que se encuentra en las verduras y frutas que consumimos. Sin embargo, los españoles nos acercamos más al 20% que al 10.
Esta cifra es preocupante y muchos especialistas han recomendado que, para reducirla, habría que tomar productos similares pero edulcorados.
Sin embargo, se han publicado estudios recientes que concluyen que «El uso de edulcorantes de bajo contenido calórico está asociado de forma independiente con más peso y una mayor prevalencia e incidencia de obesidad abdominal´´.
Este estudio ha sido realizado por el NIA de USA o Instituto Nacional de Envejecimiento durante 28 años (1.984-2.012). El objetivo del estudio era descubrir una relación directa entre el incremento de consumo de productos endulzados con edulcorantes, en Estados Unidos, y la reducción del sobrepeso y la obesidad.
Se estudiaron casi 1.455 sujetos a los que se siguió durante unos diez años de media y, en lugar de constatar la hipótesis anterior, se constató que el IMC o Índice de Masa Corporal creció más en aquellos individuos que tomaban edulcorantes con frecuencia: 3 cm de aumento del perímetro del abdomen y más del 35% de predominio de obesidad en esa zona, siendo esa la manera más arriesgada de “almacenar” la grasa porque está demostrado que es la que está directamente relacionada con el incremento del peligro de padecer enfermedades cardiovasculares.
Los resultados no eran definitivos porque el estudio se limitaba a registrar observaciones y sería necesario realizar un análisis más exhaustivo de la situación y su seguimiento posterior. Sin embargo, no es el único que ha llegado a conclusiones parecidas.
¿A qué le achacan este incremento en la tasa de obesidad?
Los científicos trabajan con la hipótesis de que consumir productos endulzados sin calorías “burla” a nuestro cerebro afectando a los circuitos de recompensa de nuestra mente que se activan al tomar glucosa. Por ello, demandará un mayor número de calorías para satisfacerse, que suelen proceder de productos altamente calóricos y que, por consiguiente afectan a nuestro peso. Es decir, que parece ser que no se produce la acumulación de grasa corporal por el hecho de consumir edulcorantes sino en que consumir edulcorantes, incita a consumir más de otros alimentos.
Al analizar este concienzudo estudio, parece lógico que si se consumen edulcorantes y no se rompe la disciplina de la dieta que se esté siguiendo, no debe aumentar de peso, ¿o no? En definitiva, lo que vienen a decir es que los alimentos edulcorados no provocan la obesidad y que la acumulación de grasa se produce por comer los alimentos que no se debe. (La verdad, no veo nada nuevo).
Por otra parte, este tipo de estudios, que se hacen durante tanto tiempo y con tantas personas, tienen sus dificultades para asegurar la fidelidad, en cuanto al seguimiento, sin que se consuma lo que no se deba.
Hemos podido ver que, en muchas ocasiones, no se han tenido en cuenta una serie de factores que afectaban de forma determinante a las variables de estos seguimientos.
Estos científicos, después de tantos datos, no emiten una conclusión definitiva y que resulte menos ambigua en la que, de forma fehaciente, se determine el mecanismo por el cual los edulcorantes puedan producir aumento de peso.
Y algo que también llama la atención, es que mete en el mismo saco a todos los edulcorantes. De todos es sabido las enormes diferencias que existen entre unos y otros y, por consiguiente, los diversos efectos que producen al ser consumidos.
De momento, y hasta que estos estudios no sean más determinantes, creo que sigue siendo más peligroso consumir cualquier tipo de azúcar, en cantidades inadecuadas.
Se dice de un científico que está experimentando con su perro. Lo llama desde diferentes distancias y el perro corre hacia él. Cuando le amarra las cuatro patas y se desgañita llamándolo, el perro es incapaz de moverse. En el cuaderno de notas del científico escribió: “El perro cuando le amarro las patas, se vuelve sordo.”