Estamos asistiendo en los últimos años a una corriente que aparentemente pretende ser positiva en cuanto a orientar nuestros hábitos alimenticios y de estilo de vida hacia unas prácticas más saludables. Ocurre que, como suele suceder en todos los ámbitos de la vida, los intereses comerciales se terminan mezclando con los intereses individuales en cuanto a la salud, creando así una especie de batiburrillo de teorías que habría que matizar y depurar muy bien antes de llevarlas a cabo.

En este sentido, nos hacemos eco de algunas reflexiones y consejos que el catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, Miguel Ángel Martínez-González ha realizado a propósito de la publicación de su libro "¿Qué comes? Ciencia y conciencia para resistir".

Se ha venido observando una evolución en la forma de analizar la alimentación en el sentido de que se ha pasado de una valoración puramente química que dejaba incompleto el análisis nutricional a unos estudios mucho más completos que incluyen hábitos de alimentación a largo plazo y sobre una muestra muy amplia de personas en seguimiento.

Como resultado de estos estudios, se han puesto en cuestión muchas teorías sobre ciertos alimentos. Solo a modo de ejemplo, el café se ha descubierto como un alimento que contiene una composición que además de otorgarle propiedades antiinflamatorias, hacen que una persona que lo consuma a diario (incluso 2-3 tazas) tenga una menor probabilidad de muerte debida a patologías cardiovasculares, cáncer o diabetes. Caso similar es el huevo. Muy denostado en ocasiones por su alto contenido en colesterol, y su incidencia en la salud cardiovascular, sin embargo se ha comprobado que su consumo no lleva asociado un mayor riesgo en este sentido, y además es valorado como un alimento rico en otras muchas sustancias beneficiosas.

En relación a la actual crisis sanitaria provocada por el COVID19, se muestra convencido de que una adecuada alimentación puede ser determinante en nuestra relación con el coronavirus. Y se refiere con esto a términos de una mayor o menor inmunidad, así como en la gravedad del diagnóstico en caso de contagio.

Como pauta a seguir, la Dieta Mediterránea sería el paradigma del tipo de alimentación adecuada para ser más resistentes tanto en materia de prevención como de lucha contra el virus.

También hace un especial hincapié en los grandes beneficios de la Vitamina D en la prevención del COVID19. En este punto, deja muy claro que no es lo mismo su ingesta dentro de una dieta equilibrada, o mediante una exposición diaria de unos 20 minutos al sol, que llevar a cabo una alimentación deficiente aunque se tomen complementos de vitamina D. No debemos comer mal, y suplir las carencias con suplementos.

Esta última consideración está también relacionada con otro factor de riesgo ante el coronavirus y que está asociada a una deficiente alimentación: la obesidad. La obesidad es causa de estados inflamatorios internos, así como de problemas respiratorios, en ambos casos peligros ante una infección por COVID. Ante la previsible duración de esta crisis sanitaria, es importante para las personas obesas adoptar hábitos saludables, siguiendo las pautas alimenticias de nuestra Dieta Mediterránea.

Dentro de esta vuelta a la Dieta Mediterránea nos aconseja tres alimentos fundamentales y tres de los que prescindir.

    Incluir: Aceite de Oliva Virgen Extra, frutos secos y legumbres.

    Evitar: Bebidas azucaradas, carnes ultraprocesadas y bollería industrial.

En guisos.com fomentamos un estilo de vida basado en la Dieta Mediterránea, elaborando menús semanales y quincenales, para tu mayor comodidad. Te los llevamos a casa en un plazo de 48/72 horas.