No es la primera vez que hablamos de la tercera edad en nuestro blog. Nos preocupa tu salud y bienestar por lo que, una vez más, vamos a dejarte algunos consejos sobre tu alimentación que constituye uno de los factores que más influye en el mantenimiento de la calidad de vida.
Cuidar tu dieta te permitirá afrontar, con tranquilidad, los cambios que se producen en tu organismo durante esta etapa. En este sentido, es muy importante que tomes una alimentación equilibrada, con productos variados y platos sanos. Debes incluir aceite de oliva, frutas y verduras, legumbres, arroz y pasta, lácteos y sus derivados y proteínas procedentes del huevo, carne y pescado.
Las proteínas son importantes para mantener la masa muscular. Intenta tomar un poco más de origen animal (huevos, pollo, atún) que de origen vegetal (legumbres o semillas como la quinoa).
El calcio presente en la leche o el queso, en algunos frutos secos como las avellanas o en pescados pequeños como los boquerones, junto con la vitamina D que ayuda a que se fije en los huesos, te ayudaran si tienes problemas de osteoporosis o has sufrido alguna fractura.
La primera comida del día, es decir, el desayuno, es fundamental. No vale con tomar un simple vaso de leche o un café. Es necesario que sea una comida completa que incluya lácteos (leche o yogur), pan, galletas, bizcocho o cereales y alguna fruta. Si la fruta es demasiado para tomarla a primera hora, se puede comer a media mañana y así completar la “combinación ideal”.
Es conveniente que los productos estén frescos y que, por lo tanto, sean de temporada. Te resultarán más apetecibles y su aportación de minerales y vitaminas también será mayor.
Ya hemos comentado en artículos anteriores que, en las personas mayores, la necesidad de beber, es decir, la sensación de tener sed, decrece. Por ello, aunque no sientas esa necesidad, el agua es básica para nuestro cuerpo y debes tomarte dos litros de agua diarios.
Si has perdido el apetito, toma poca cantidad de comida pero con bastante frecuencia, cada cuatro horas aproximadamente. Como vas a comer poco, procura que los productos sean de buena calidad . Puedes optar por tomar un solo plato en cada comida, por ejemplo: caldo de pollo con arroz y huevo duro picadito, espaguetis a la boloñesa o ensalada de garbanzos, junto con un trozo de pan y una pieza de fruta. El plato será más completo si lo acompañas de aceite de oliva, algunos frutos secos, queso o picatostes.
Puede ser que ya no percibas el gusto o el aroma de los platos como antes, para evitarlo, usa hierbas aromáticas, productos que tengan sabores fuertes o recetas que acrecienten los sabores. No te recomendamos tomar platos fríos que reducen tanto los olores como el sabor de los alimentos.
Si ya no eres capaz de masticar como antes, en lugar de tomar pisto de verduras, toma una crema, tritura los sofritos, cocina el arroz un poco más… busca la manera de adaptarte a tus nuevas circunstancias.
Por último, pero no menos importante, haz ejercicio físico diario, sal a caminar o practica natación para mantener tus músculos y tu esqueleto, activo y con reflejos.
Te recordamos que la mejor manera de tomar una alimentación saludable y equilibrada como la que te hemos descrito en nuestro artículo de esta semana, es consumiendo dieta mediterránea.