A medida que nos vamos haciendo mayores, no es cierto que nos vayamos haciendo más cabezotas o maniáticos, es que nuestro organismo va cambiando y sus demandas son distintas a las de etapas anteriores, especialmente en lo relacionado con la alimentación.
Si tienes personas mayores cerca, habrás escuchado frases del tipo: «Yo, por la noche, me apaño con cualquier cosita», «Con un vasito de leche tengo suficiente» o «No bebo porque no siento sed». Sin embargo, en realidad, ninguna de ellas les conviene porque son poco saludables, sobre todo, si se toman por costumbre y especialmente, cuando estas personas viven solas.
Teniendo en cuenta la esperanza media de vida actual de la población española, al cumplir los 60 años, cualquier persona sana, aún puede tener por delante otros 25 años, en el caso de los hombres o hasta 30, en el caso de las mujeres. Por ello, es muy importante que cuiden su dieta y su alimentación para poder disfrutar de una buena vejez. Del mismo modo que nos preocupamos por lo que comen los niños pequeños, los mayores también deben preocuparse por comer de manera equilibrada, de acuerdo con sus nuevas necesidades fisiológicas.
En este sentido, hay determinados factores que no deben descuidarse cuando alcanzamos esta etapa de nuestra vida:
- Acostumbrarse a tomar una alimentación equilibrada, principalmente con productos frescos y en las cantidades apropiadas. Recomendamos tomar la dieta mediterránea, ya que son muchos los estudios que coinciden en señalar que, desde el punto de vista de la salud, esta dieta ayuda a envejecer mejor.
- Teniendo en cuenta que en estas edades aumenta el riesgo de sufrir hipertensión y diabetes, la cantidad de sal y azúcar debe reducirse al mínimo.
- El aporte calórico debe estar levemente por debajo del correspondiente a un individuo adulto y cuidando de que no genere sobrepeso. Es recomendable llegar a esta etapa de la vida con algunos kilitos de más (uno o dos) y no demasiado delgado.
- Se incrementa el peligro de padecer enfermedades cardiovasculares, de ahí que sea muy recomendable disminuir las dosis de grasas y colesterol al mínimo.
- Sobre la cantidad de proteínas que se debe tomar, es aconsejable que sea la misma o incluso, un poco superior, que la de un individuo adulto. Son muy beneficiosos los alimentos ricos en proteínas como la carne, el pescado, las legumbres o los huevos.
- Como en estas edades se suele producir un déficit de vitaminas y oligoelementos, debe prestarse especial atención al consumo de elementos como el hierro, el calcio o la vitamina D.
- Debido a que el tránsito intestinal se ralentiza, es igualmente importante tomar fibra consumiendo verduras, cinco raciones de fruta al día, cereales integrales y legumbres, con frecuencia.
- Aunque no se tenga la necesidad de beber, tomar agua con frecuencia porque, en estas edades, la percepción de la sed disminuye.
- Es conveniente que las comidas tengan un sabor potente y apetecible, ya que disminuye el sentido del olfato y del gusto.
- No utilizar demasiadas especias o picantes, ya que también se pierde capacidad digestiva.
- Tener en cuenta los medicamentos que se están tomando por las posibles contraindicaciones que pueda haber con la comida.
- En la medida de las posibilidades de cada persona, no dejar de hacer ejercicio físico con regularidad para no perder la movilidad y ayudar al tránsito intestinal, entre otros beneficios.