Científicos investigadores del CNIC o Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, junto con otros centros de nuestro país como el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud, han realizado un estudio de los hábitos alimenticios de los españoles para probar la conexión que se da entre la dieta y el perfil lipídico en sangre, es decir, el nivel de colesterol (HDL y LDL) y los triglicéridos de los individuos objeto del estudio.
Con el fin de conseguirlo, analizaron toda la información nutricional obtenida de casi mil trescientas personas, a las que se les pidió que cumplimentaran un cuestionario detallado sobre la asiduidad con la que habían consumido ciento treinta y seis alimentos diferentes, a lo largo del año previo al estudio. Los datos se trataron estadísticamente mediante análisis factorial.
Se pudieron distinguir dos grupos de personas que consumían dietas muy distintas: los que tomaban dieta mediterránea y los que preferían la dieta occidental.
Por dieta mediterránea se entiende el consumo periódico y frecuente de aceite de oliva, carnes blancas, pescado, verduras, frutas y frutos secos, mientras que la dieta occidental hace referencia a la ingesta de derivados y productos lácteos, alimentos obtenidos a partir de cereales refinados, comida rápida (alimentos procesados) y carne roja.
Los científicos del estudio analizaron la relación entre estas dietas y distintos parámetros indicativos del peligro de padecer enfermedades cardiovasculares, a partir de muestras de sangre. Se constató que aquellos individuos que tomaban dieta mediterránea tenían mayor cantidad de colesterol bueno o HDL (54,8 mg por cada decilitro de sangre) que los que solían consumir la dieta occidental (49,9 mg por decilitro de sangre), lo que supone casi un diez por ciento de diferencia.
Estos datos coinciden con otros estudios anteriores que habían observado y demostrado la asociación entre la dieta occidental y niveles menores de HDL. En este mismo sentido, se ha probado que la ingesta de gran cantidad de productos con carbohidratos refinados y azúcares añadidos eleva la presencia de grasas alrededor de los órganos, disminuye la acción de la insulina u aumenta la producción de lípidos como reserva energética y triglicéridos hepáticos, factores que pueden inducir al descenso del HDL en la sangre.
Por otro lado, los beneficios de la dieta mediterránea pueden tener su origen en el consumo frecuente del aceite de oliva, frutas y verduras.
Además, en esta investigación, se ha estudiado igualmente otro factor asociado a al riesgo de enfermedades coronarias: el cociente triglicéridos – colesterol HDL. También se demostró que mientras mayor era el consumo de la dieta mediterránea, menor era dicho cociente.