Afirmar que una alimentación de acuerdo con los cánones de la Dieta Mediterránea es lo más beneficioso para nuestra salud no es ninguna novedad. Es de sobra conocido que aporta a nuestro organismo múltiples beneficios que alargan y mejoran nuestra calidad de vida. Entre los ya conocidos, podemos destacar:

    Ayuda a reducir peso.

   Disminuye el riesgo de enfermedades cadiovasculares.

   Fortalece los huesos.

   Mejora la actividad cerebral.

   Mantiene la tensión en niveles óptimos.

   Reduce el estrés.

  

Estudios recientes publicados en la revista Gut (revista de la Sociedad Británica de Gastroenterología) han puesto de manifiesto nuevas propiedades de la dieta mediterránea en relación con los tipos de bacterias que se pueden encontrar en el intestino. 

Estudios anteriores, ya avisaban de que las dietas de personas de edad avanzada, en especial aquellas que se encuentran internadas en hospitales o residencias por un periodo largo de tiempo, suelen ser dietas muy “empobrecidas”. Las consecuencias de estas restricciones en la alimentación de estas personas, dan como resultado una reducción en los diferentes tipos de bacterias alojadas en el intestino, y como consecuencia, una mayor fragilidad física y cognitiva.

En investigaciones más recientes, se han analizado durante un año los efectos en personas mayores de 65 años que han seguido una dieta rica en legumbres, ciertos frutos secos (nueces), aceite de oliva y pescado, y moderado consumo de carnes rojas y grasas saturadas, frente a otra muestra de personas de edad similar que siguieron con su dieta habitual.

Tras un análisis de los tipos de bacterias que habitan en el intestino, se ha llegado a la conclusión de que una dieta saludable, como es calificada la Dieta Mediterránea, contribuye a un microbioma intestinal más rico y ayuda a combatir la inflamación, causa principal de la fragilidad en personas de edad avanzada, traducida en una menor o más lenta movilidad, así como en un deterioro de la actividad cerebral.

En resumen, llevar una alimentación saludable lo más cercana a los estándares de nuestra dieta mediterránea, conlleva multitud de beneficios para nuestra salud. Estos últimos estudios científicos han revelado además que evitan la desaparición de bacterias beneficiosas, a la par que ayudan a la reducción de microorganismos que provocan la inflamación y sus posteriores consecuencias negativas en la calidad de vida de nuestros mayores.