Ha pasado poco tiempo desde que se puso de manifiesto que existe un vínculo entre lo que comemos y nuestro estado de salud. En el pasado esto era impensable ya que no era posible elegir lo que se comía, sino que “se comía lo que había”, sin más. Se trataba de sobrevivir y nadie se planteaba si los alimentos que se consumían eran buenos o malos para su bienestar.

Dicho esto, en la actualidad, somos cada vez más conscientes de la importancia que tiene aprender a comer y conocer cuáles son los beneficios o perjuicios de los alimentos que ingerimos. Estos conocimientos nos ayudarán a mantener nuestro estado de salud, decidiendo los productos que debemos y/o podemos comer, gracias a un aprendizaje previo, y en qué medida debemos hacerlo, lo que supone un acto de fuerza de voluntad por nuestra parte. En estos dos factores radica, esencialmente, la definición de Alimentación Saludable.  

Las sustancias nutricionales que necesita nuestro organismo para un funcionamiento y desarrollo apropiados, no se encuentran en todos los productos que comemos sino que es necesario que complementemos los alimentos entre sí. Por ello, tomar conscientemente una alimentación variada y proporcionada nos proveerá de todo lo que necesitamos.

Los productos alimentarios poseen un poder “funcional”, en otras palabras, que, a parte de su papel meramente energético, también deben proporcionar a nuestro organismo:

  • - Mejoría en procesos concretos y generales
    - Prevención de enfermedades y
    - (En ocasiones) Tratamiento para determinadas dolencias

En la actualidad se ha descubierto que venimos al mundo con una carga genética definida (genoma) que aparece acompañada por el denominado epigenoma, que consiste en un conjunto de sustancias y compuestos que varían o señalan al genoma cómo debe actuar, en qué momento y en qué lugar. Mientras el genoma no se puede modificar, el epigenoma sí, pudiendo resultar determinante en la manifestación de enfermedades. Así, uno de los elementos que influyen en la variación beneficiosa o perjudicial del epigenomaes la dieta que tomamos.

Por ello, una dieta saludable para nosotros es la que conjuga los diversos grupos de alimentos entre sí de forma determinada y equilibrada, convirtiendo nuestra alimentación en una dieta de calidad.

Sin embargo, hay otro aspecto que tampoco debemos descuidar: Es necesario comer siempre con moderación. Está probado que las personas nos movemos y actuamos mejor si comemos raciones pequeñas.

Asimismo, debemos vigilar nuestras rutinas y costumbres diarias para evitar utilizar la comida como válvula de escape en situaciones de ansiedad o cansancio. En este sentido, recomendamos:

  • - Masticar lentamente, saboreando lo que comemos.
    - Regular y administrar bien las llamadas “comidas excepcionales”.
    - Cuidar las especias y condimentos que utilizamos para cocinar.
    - No consumir bebidas alcohólicas.
    - Descansar lo suficiente.
    - Hacer algo de ejercicio físico diario.

Observando todas las indicaciones que hemos dado, completaremos unos hábitos de vida saludables de los que nuestro cuerpo será el primer beneficiado desde el primer momento.