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Relación entre el mal gobierno y la mala alimentación

Imaginemos a un señor feudal, señor de vidas y haciendas, que está frecuentemente amargado porque los dolores de gota, artritis, malas digestiones o úlceras estomacales no le dejan vivir. Más te valía no depender de las decisiones de un señor así.

La mala alimentación de los gobernantes ha podido ocasionar mucho sufrimiento a sus gobernados.

Analizando detenidamente las diferentes formas de alimentarse durante la Edad Media y épocas posteriores, observamos que en realidad, las clases bajas se alimentaban de forma más ventajosa para su salud que los nobles o los pudientes.

Actualmente, se reconoce como saludable el consumo de alimentos integrales, pero en generaciones anteriores, existió un rechazo al empleo de las harinas completas. Se veía como más prestigioso el consumo de pan blanco.

Parece como si el refinado de las costumbres, viniera aparejado a un refinado de las harinas. Una familia “refinada”, debía poderse permitir comer pan blanco que tenía mejor presencia.

De esta forma, se valoró mucho más, un pan hecho con harina a la que se le había retirado el salvado o cascarilla, ya que a su entender lo consideraban como “la parte noble del alimento”.

Por supuesto, los pobres sí seguían comiendo el grano completo (con su germen, fibra, minerales y vitaminas) que los ricos rechazaban. Y para el consumo de cereales era habitual, la avena y el trigo sarraceno.

Por otra parte, el acceso a los alimentos que contenían azúcar refinada, también fue antaño privativo de las clases pudientes. En las pinturas o definiciones literarias de comensales poniéndose «como el Kiko» a base de pasteles, nunca son de clases bajas.

Y lo mismo ocurre con la fruta. La gente humilde, en general, tenían poco acceso a la fruta cultivada (mucho más rica en azúcares) y se abastecían más de frutos silvestres, que están menos cargados de carbohidratos.

El vino, que en exceso es otra fuente de hidratos de carbono, el pueblo lo tomaba en realidad muy aguado y por tanto diluían el alcohol. Muy distinto al que consumía los nobles.

Un plato considerado de pobres era el caldo de mondongo. Incluía nabos, tocino, coles y grasa de cerdo. Hoy tras las últimas publicaciones, podemos considerarlo muy sano.

Muchos vegetales como las coles, rábanos, las remolachas, las calabazas, las alcachofas, las cebollas y el ajo, constituían la mayor parte de los ingredientes vegetales de la dieta. Muchas de estas plantas formaban parte del menú de los trabajadores a diario y tenían menos prestigio que otros alimentos. Por tanto no eran muy aceptadas en las mesas de los ricos.

Los cerdos se criaban a menudo sueltos, incluso en ciudades y consumían cualquier basura. Luego, las matanzas y la confección de embutidos, permitía a las clases pobres, disponer de una reserva de grasa y proteína animal, nada despreciable.

A todo esto hay que añadir la leche y los quesos, que estaban más acorde con las mesas mas modestas.

En resumen:

. Los pobres consumían muchos menos carbohidratos refinados que las clases pudientes.

. En las mesas de los pobres, tenían verduras, grasas y vísceras que eran más sanas que las de las mesas de los ricos.

. Las clases bajas, consumían alimentos lácteos, como los quesos y la mantequilla.

Todo esto puede explicar en parte porqué los nobles no tenían más salud que los demás, aunque llevasen una vida más regalada, pero para nada saludable. Su vida era tan sedentaria, que prescindía del menor esfuerzo. En algunos casos, incluso con criados que los vestían.

Podemos corroborar todo esto, si pensamos que cuanto más orondos o casi obesos, más saludables se consideraban. Y así criaban a sus hijos que en realidad, cuanto más rollizos eran, mas células adiposas acumulaban y más fácil era que se convirtieran en adultos obesos.

Está demostrado que la mezcla de excesos y errores alimentarios, unida a la falta de actividad física, no es la mejor forma de estar saludable. Por tanto, debemos asumir que la salud de las clases dirigentes, era en realidad bastante escasa.

Creo que todo esto hizo un gran daño a la evolución de la sociedad. Un dirigente con poca salud, no será demasiado eficaz en su trabajo, que precisamente debe ser el de ir consiguiendo una sociedad cada vez más avanzada.

Los errores en cuanto a alimentación han ocasionado grandes paradojas.

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