‘La creencia de que las grasas saturadas obturan las arterias y elevan los niveles de colesterol, es una especie de resaca del estado de la ciencia desde hace treinta o cuarenta años. Por entonces, las pruebas eran escasas y ahora también lo son.
La creencia se ceñía (y todavía lo hace) a la opinión general por una simple razón: la LDL y el colesterol total son los dos factores de riesgo que con más claridad varían con los alimentos para reducir el colesterol, especialmente las estatinas.‘ “Cómo engordamos y qué hacer al respecto” Gary Taubes
El razonamiento es el siguiente: Si las estatinas, que son buenas para el corazón, reducen el colesterol, al bajar los niveles de colesterol evitaremos riesgos vasculares. Sin embargo, no está demostrado que esto sea así.
Es cierto que las estatinas tienen un efecto de disminución e incluso supresión del riesgo de sufrir ataques al corazón y, también es cierto, que reducen el colesterol LDL o colesterol malo.
Lo que no está demostrado es que su efecto sobre el riesgo del ataque al corazón, sea como consecuencia del hecho de que disminuye el colesterol, ya que tampoco está demostrado que el consumo de grasas (saturadas o no) tenga relación directa con los problemas cardiovasculares.
La gran mayoría de los estudios científicos que se realizaron durante décadas estuvieron financiados por industrias azucareras que estaban muy interesadas en que, al estudiar la causa del aumento de la mortandad en los hombres en EEUU durante los años 50, se concluyera que el principal factor de riesgo influyente en estas muertes, desde la perspectiva de la alimentación, era la grasa, minimizándose el efecto del azúcar en ellas. Un estudio hecho público a mediados de Septiembre de este año por la JAMA Internal Medicine así lo atestigua.
En este estudio se subraya el hecho de que durante los 60, estas industrias pagaron para defender su interés: mitigar los efectos del azúcar y destacar la grasa como principal culpable de las enfermedades cardiovasculares.
Por todo ello, debemos informarnos bien antes de asumir como válidas las conclusiones que nos quieren hacer creer.