La variedad de productos alimenticios que existe actualmente es enorme y, por lo tanto, el riesgo de tomar alimentos poco saludables también lo es. Ante esto, ¿cómo debemos actuar si no queremos consumir alimentos perjudiciales para nuestro organismo? ¿De qué manera puedo saber qué puedo tomar, cuándo me conviene hacerlo y si en algún momento puedo saltarme las reglas? 

La cuestión está en que muchos de los productos alimenticios que tomamos calman nuestra hambre y nos satisfacen, aunque, por otra parte, provocan que enfermemos con el paso del tiempo. Es ahí donde radica el problema ya que muchos de los oligoelementos y vitaminas que deberían aportar los alimentos desaparecen al ser sometidos a diversos procedimientos para conservarlos y mezclarlos con sustancias conservantes, afectando a nuestro aparato cardiovascular. Y por si eso fuera poco, el número de dolencias relacionadas con el sistema cardiovascular crece a pasos agigantados. 

Este es el mensaje que pretende denunciar el reconocido especialista en cardiología Johannes Hinrich von Borstel, oriundo de Alemania, en su obra “El corazón. Una historia palpitante”. El doctor subraya en su libro el hecho de que la llamada “comida rápida” supone un tema problemático ya que es consumida por un grupo importante de la población por no disponer del suficiente tiempo para cocinar, debido a su ajetreado ritmo diario.

Sin embargo, el facultativo insiste en hacer recordar al lector que la preparación de platos de comida saludables no requiere de tanto tiempo de preparación, resultando apetitosos y deliciosos.

En primer lugar, invita a acostumbrarse a consumir grasa “buena” (aceite de linaza o nuestro apreciado aceite de oliva) en contraposición a la grasa “mala” o poco saludable (aceite de palma, coco o margarina) que es la que está presente en la mayoría de la comida rápida y los alimentos procesados. Nos invita porque las grasas perjudiciales tienen un papel protagonista en el agravamiento de dolencias que perjudican, en gran medida, al sistema circulatorio.

Por su parte, la SEC o Sociedad Española de Cardiología, también señala que las enfermedades de nuestro metabolismo, del aparato cardiovascular y los ictus junto con la monitorización de las causas de riesgo, se ven afectados por nuestra alimentación diaria por lo que debe corregirse.  En consecuencia, recalca que la promoción de una dieta saludable rica en verduras, frutas, legumbres, yogur, frutos secos, pescado y grasas de origen vegetal (dieta mediterránea), tiene sentido con esa finalidad.

Por el contrario, la SEC también establece qué alimentos deben ser reducidos en nuestra dieta:

-  Azúcar.

-  Sal.

-  Bebidas azucaradas.

-  Carbohidratos.

-  Productos elaborados con harinas refinadas.

-  Carnes rojas.

-  Grasas saturadas e hidrogenadas.

Al mismo tiempo, avisa sobre las diferencias que existen entre una alimentación “de calidad” y otra “de cantidad”. El sobrepeso no es sinónimo de una mala alimentación, es solo uno de los muchos efectos que ocasiona una dieta no saludable. Lo cierto es que una alimentación sana minimiza el peligro de sufrir enfermedades cardiovasculares al margen de los kilos que tengamos.

La Asociación Americana del Corazón (AHA) también se ha manifestado en el mismo sentido que la SEC, recomendando como pautas idóneas de alimentación saludable, los fundamentos de nuestra dieta mediterránea. Si embargo, también insiste en la reducción del peso y la necesidad de combinar algo de ejercicio físico con la dieta para lograr ese objetivo y conservar el corazón libre de enfermedades.