La sal es el condimento por excelencia en nuestras cocinas. El punto de sal es ese factor crítico que nos da o no ese sabor que esperamos en cada plato. El problema es que cada vez somos más conscientes de que demasiada sal en nuestra dieta no es muy saludable, y si abusamos de ella, lo más normal es que pasemos de degustar comidas demasiado sabrosas a tener que acostumbrarnos a comer sin sal por prescripción facultativa.

Consumimos sal con demasiada concentración de sodio, y es ahí donde radica el perjuicio para nuestra salud. Una reducción en la ingesta de sodio, disminuye el riesgo de sufrir hipertensión, uno de los factores que más influye en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.

Debemos ser conscientes de que no solo ingerimos sodio a través de las pequeñas cantidades de sal que añadimos a la comida. La sal ya se encuentra en origen en muchos de los alimentos que comemos a diario como la leche, los huevos, el pescado o la carne. Por supuesto, si además consumimos productos procesados, la ingesta se incrementa de forma exponencial. De hecho, los especialistas consideran que una persona no debe consumir más de 3 gr. de sal al día, y las estadísticas cifran en algo más de 5 gramos diarios la media de consumo diario por persona en España.

¿Es posible disfrutar de platos sabrosos disminuyendo las cantidades de sal?

En Estados Unidos están llevando a cabo estudios al respecto que nos hacen ser optimistas. De hecho, aunque parezca contradictorio, es posible disfrutar de platos con todo su sabor, disminuyendo el consumo de sal. La solución parecen haberla encontrado modificando las proporciones en la combinación de diferentes sales, que dan como resultado un producto con menos cloruro sódico, que es sustituido por cloruro de calcio o cloruro de potasio, no perjudiciales para nuestra salud. De esta manera se reduce el consumo de sodio, y por contra, con esta diferente combinación de sales, se aporta calcio y potasio al nuestro organismo, elementos químicos muy beneficiosos para el organismo.

Según este estudio, se pueden lograr proporciones adecuadas de los tres tipos de sales mencionadas, que disminuyan hasta niveles óptimos los niveles de sodio, sin que el sabor se vea perjudicado.

Estudios científicos avalan que se puede lograr reducir el consumo de sal de una forma gradual e ir “educando” nuestro paladar durante un tiempo. Si combinamos esta reducción con el uso de estas nuevas sales con concentraciones más bajas de sodio, este periodo de adaptación se puede acortar y con ello, lograr una mejora en la salud cardiovascular.