Como estuvimos viendo la semana pasada, una nueva normativa pretende acabar con la falta de veracidad en los calificativos del pan. 

Después de muchísimas quejas de los usuarios y, la misma industria asumiendo que la ley que está en vigor actualmente fue aprobada mucho antes que comenzaran a venderse los diferentes tipos de panes que conocemos hoy día, la ley, por fin y en muy poco tiempo, va a dar un giro. Ahora mismo, se está debatiendo un proyecto de real decreto, el cual se ha hecho llegar a las diferentes consejerías de las CCAA, donde se acepta la nueva ley para el control de la calidad de los productos de panadería.

Pero ¿sabes qué trae de nuevo esta ley? De momento, lo que sabemos a ciencia cierta es que el pan integral solamente podrá llamarse así el que esté hecho únicamente con harina integral, sin tener en cuenta las harinas procesadas o malteadas. Si no está hecho en su totalidad de harina integral, entonces se tendrá que añadir en su etiqueta algo así como “elaborado con harina integral X%”, donde X es la cantidad de harina integral en porcentaje empleada. Eso sí, este “X%” tendrá que ir con la misma tipografía, tono y dimensión que la palabra “integral”, intentando impedir los engaños que se producen en la famosa “letra pequeña”.

Esta ley cubrirá también otra laguna jurídica que existe en torno al grano entero. Esto es, en estos momentos, una gran parte de la harina integral se vende sin su parte principal, el germen. Según profesionales, esto es debido a que, en dicha parte, se localizan las enzimas y la grasa. Y, precisamente la grasa, es esa parte que más rápido se echa a perder. Entonces, si se comercializara con el germen, o lo liquidas en poco tiempo o no puedes guardarlo para otro momento porque se estropea. Por esta razón, solo mantienen la corteza.

Esperamos que saquen pronto la nueva ley y sepamos bien lo que estamos comiendo. Ya no tendremos más duda con el pan que comemos.