El verano está llegando a su fin. Seguro que en este tiempo te has tomado algunas licencias y no has podido resistirte a la tentación de comer dulces industriales, comida rápida y platos preparados que constituyen todo un homenaje a las calorías y el colesterol. Sin embargo, no te sientas culpable, tú no eres el responsable de ello, sino... ¡TUS GENES!

Esa es la conclusión a la que ha llegado un grupo de científicos de la Universidad Autónoma de Madrid que analizó la alimentación de casi 820 individuos, europeos de origen. El estudio fue presentado ante la American Society for Nutrition (Sociedad Americana de Nutrición) y es el primero en demostrar la función fundamental que los genes tienen, en las personas sanas, en lo que les gusta y lo que prefieren a la hora de comer.

Los estudios anteriores habían demostrado científicamente que la genética  desempeña un papel relevante en las costumbres alimenticias de enfermos que sufren dolencias como la bulimia o la anorexia, pero no habían sido capaces de determinar su influencia sobre la alimentación del resto de individuos.

En el estudio actual, los investigadores han descubierto que 2 genes son los que provocan que tengamos “debilidad” por algunos alimentos en concreto, aunque sepamos que no nos convienen en absoluto. También son los responsables de que nos resulte tan complicado modificar nuestros hábitos alimenticios.

Estos 2 genes son:

- El receptor de la oxitocina: que provoca la necesidad de que consumamos más cantidad de chocolate y que, por lo tanto, tengamos más centímetros de cintura.

- El gen que produce, en las personas, una mayor tendencia a consumir productos con alto porcentaje en fibra y verduras.

El hecho de que dichos genes influyan en nuestros gustos y en nuestra disposición para seguir una dieta o no, según los científicos del estudio, justifica que se deba crear una alimentación personalizada para cada individuo, que consiga una mayor asimilación de los nutrientes y una mejor manera de mantener o disminuir el peso, según cada caso.

En este mismo sentido, se abre la puerta a la aplicación de medicamentos personalizados que prevengan la aparición de dolencias vinculadas con la alimentación y el peso tales como, la hipercolesterolemia, la diabetes, el cáncer o enfermedades del sistema circulatorio.

La siguiente fase del estudio va a ser la investigación de personas de otras razas y peculiaridades para confirmar las conclusiones  a las que han llegado.