A principios de Septiembre de este año, se celebró en Baeza (Jaén) un curso de verano de la UNIA (Universidad Internacional de Andalucía), relativo a uno de los temas que  más nos interesan: “Alimentación y Salud”. Era la conclusión de una serie de cursos que comenzaron en 2016 y que han tratado materias tales como la dieta mediterránea y la seguridad de los alimentos.

En concreto, este último prestó especial atención a la importancia de comprar alimentos propios de zonas cercanas y del tiempo en que nos encontremos, en contraposición con los productos procesados que podemos adquirir en cualquier establecimiento. "El primero se consume en su momento óptimo y el segundo contiene aditivos que son de obligado uso para permitir su conservación", dijo Antonio Marín, responsable último del curso y de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de Andalucía Oriental.

Por ello, se insistió también en la necesidad de leer el etiquetado de los alimentos que se compran de manera que se esté informado sobre dichos aditivos y las modificaciones en su uso. Para facilitarlo, se recordó la obligatoriedad, por ley, a las empresas, de que las etiquetas sean legibles y comprensibles por los consumidores.

En nuestra sociedad contemporánea cada vez hay más inquietud por los temas vinculados con nuestra dieta y nuestro estado de salud. Cada vez son más los profesionales que aportan información sobre los efectos beneficiosos y perjudiciales de los alimentos. Ahora bien, como han recalcado los participantes en el curso, los alimentos, por sí mismos, no curan enfermedades, no pueden ser entendidos como una “medicina”, aunque sea cierto que algunos de sus componentes pueden ayudar a evitarlas o curarlas.

Se ha hecho patente una nueva tendencia, el “crudismo”, que consiste en encontrar el alimento más cercano, de la propia tierra, así como en buscar los efectos beneficiosos de consumirlos crudos, sin prepararlos apenas. Sin embargo, en el curso se indicó que, aunque es verdad que comer los alimentos crudos es bueno, cocinarlos también lo es. Perjudicial para nuestra salud serían determinadas costumbres como es el hecho de utilizar el mismo aceite de freír, en repetidas ocasiones, ya que se generan sustancias dañinas para nuestro organismo.

También se hizo patente que la seguridad alimentaria está siendo más observada que nunca. La experiencia de casos anteriores como la tristemente famosa intoxicación por aceite de colza en los 80 o las vacas locas en el 2.000, han provocado que se esté en continuo estado de alerta para evitar otros nuevos. En este mismo sentido, las normativas europeas se están endureciendo día a día y resulta cada vez más complicado eludirlas aunque el riesgo “cero” no existe.