Cada vez son más los consumidores que se preocupan por su alimentación. Las alergias alimentarias o simplemente la preocupación por tomar una dieta sana, nos mueven a estar pendientes sobre los nuevos “súper alimentos” o sobre aquellos otros que no debemos consumir.

Ante esta creciente inquietud por lo que comemos, la otra parte, la industria alimentaria, se ha aplicado diligentemente en hacernos más complicada la identificación de los ingredientes que utiliza a pesar de la reciente mejora de las normas aprobadas para el etiquetado de los alimentos.

Tanto es así, que un informe actual del OBD (Observatorio de Bioética y Derecho) de la Universidad de Barcelona, advierte sobre el aumento progresivo de la presencia de información confusa en las etiquetas de los alimentos, haciéndose necesaria una nueva modificación de la normativa, que endurezca los castigos y fomente la inclusión de información fidedigna y clara en los recipientes de los alimentos envasados y sus ingredientes.

Muchas instituciones y entidades como la Organización de Consumidores (OCU) están tratando de avisar sobre las diversas maneras que las empresas usan para confundirnos. Por ello, te recomendamos que te armes de paciencia y vayas a comprar con espíritu crítico y ojo avizor.

Te dejamos el decálogo de los trucos más frecuentes que se suelen utilizar en las etiquetas de los alimentos:

1. Envases que confunden:

Es posible que compres una docena de huevos creyendo que son “ecológicos” solo porque en el diseño de su envoltura aparece una gallina en medio de una maravilloso campo, sin embargo, para asegurarte, debes fijarte en el primer dígito de las cifras que aparecen en la cáscara de cada uno.

Si es un 0, felicidades, realmente es ecológico; si es un 1, no está mal, es de gallinas camperas pero si es un 2, procede de gallinas criadas en suelo y si es un tres, de gallinas enjauladas, es decir, que de ecológico, nada de nada, independientemente del dibujo que se haya puesto en el envase.

2. Eslóganes engañosos:

Cuidado con los mensajes publicitarios del tipo “0% azúcares” que podrían enmascarar elevadas cantidades de grasas. 

3. ¿Es o no es?:

A veces nos encontramos con envases exactamente iguales, con una apariencia y sabor parecido, ahora bien, por ejemplo si en el nombre del producto no se incluye expresamente la palabra yogurt o jamón de york, será un derivado de la leche o cárnico pero nada más.

4. Calificativos que aportan seguridad:

Adjetivos como “artesanal” en unas galletas hechas con aceite de palma,  “tradicional” en un puré elaborado con patatas deshidratadas o “casero” en helados preparados con mucílagos, consiguen su objetivo de despistarnos para lograr mayores ventas del producto.

5. El origen como reclamo:

Muchos productos incorporan a su envase la frase “100% origen vegetal”, refiriéndose a sus grasas. El hecho de que sea de origen vegetal no es garantía de nada, debes confirmar el tipo de grasa que se ha utilizado en su elaboración ya que podría ser aceite de palma que es uno de los más perjudiciales para nuestra salud.

6. Fundamental pararse a leer la etiqueta:

A veces la industria intenta encubrir los ingredientes menos sanos disminuyendo, en la medida que pueden, el tamaño de las palabras, probando nuestra capacidad de lectura.

7. Alimentos que no están pero se usan como atractivo:

Hay caldos de merluza que tienen menos de un 1% de ese pescado, a pesar de que se pueda ver una fotografía perfecta de una de ellas en el brick o envase comercial.

8. Destacar un aspecto ciertamente bueno para distraer la atención:

Hay productos cuyo envase destaca su elevada proporción vitamínica, de hierro o fibra pero, no debemos dejarnos embaucar por lo aparentemente bueno, puede ser que tenga también una gran cantidad de azúcares perjudiciales para nuestro cuerpo.

9. Términos químicos:

Existen términos químicos para designar un mismo compuesto o sustancia. Si no estamos mínimamente familiarizados con esta nomenclatura es fácil caer en la trampa de los envasadores. Para que estemos alerta, se pueden referir al aceite de palma sustituyéndolo por la palabra “palmiste”, los azúcares pueden ser citados a través de otros términos como jarabe de maíz, glucosa, sacarosa o fructosa. A veces, en lugar de “grasas trans”, se utilizan los nombres “grasas hidrogenadas”, “aceites vegetales parcialmente hidrogenados" o “ácidos grasos trans”. 

10. Aunque “suene” mejor, puede ser peor:

Es el caso del néctar y del zumo ¿qué te suena mejor? La mayoría piensa que el néctar. Sin embargo, es de peor calidad que el zumo debido a que incorpora más azúcares y agua.

En definitiva, nuestro actual estilo de vida nos obliga, en cierta medida, a hacerlo todo atropelladamente, sin ocasión para dedicarle el tiempo que requeriría cada cosa. Es el caso de “ir a hacer la compra”. Si le dedicamos unos segundos a informarnos de lo que ponen las etiquetas de los alimentos que compramos, adquiriendo menos productos procesados y más de los de temporada, seguro que nuestra salud y bienestar se vería beneficiado.