Esta semana continuamos con el tema del post anterior en el que hablábamos de que la introducción del uso de productos de quinta gama (platos ya precocinados) en la mayoría de los restaurantes cool de cualquier ciudad, es ya una realidad.

Hay expertos gastronómicos que opinan que esta tendencia ha surgido por diferentes motivos:

1) Los clientes piden muy distintos tipo de comida, es decir, es necesario que el establecimiento disponga de cartas con una oferta muy variada.

Por experiencia, cuando uno va con un grupo de amigos a cenar, lo normal es que a uno le guste la comida italiana, a otro la mediterránea, otro es vegetariano...en definitiva que para que todo el mundo esté a gusto, se intenta buscar un mismo restaurante que pueda ofrecer tal variedad de platos y, por supuesto, con precios para todos los bolsillos y un entorno agradable.

En base a todo lo que acabamos de describir, este tipo de restaurantes suele regirse por el siguiente modelo: ubicación céntrica, interiores cuidados al detalle, rapidez en el servicio, cartas interminables de diez euros de media el plato y todos más o menos con el mismo gusto porque estas comidas están muy estandarizadas y suele usarse las mismas salsas o puntos de cocción al elaborarlas.   

2) A los trabajadores del sector de la restauración no les gusta dedicarse a tiempo completo a preparar comidas.

Así, este sistema es beneficioso para ambas partes de la ecuación, los clientes y los restauradores. Los primeros comen platos "gourmet" a precios asequibles y los segundos no tienen que especializarse tanto ni invertir en la compra de la maquinaria y los productos que requeriría una carta tan variada.

Estos expertos piensan que es un tema más cultural que de otro tipo porque lo que importa, según ellos, es el servicio final. Es lo mismo, dicen, que la opinión que se tiene sobre la comida congelada: “En España existe todavía mucho rechazo a los congelados, algo que no pasa en Francia o Italia, pero es una cuestión de tiempo, como ha pasado con las latas, que ahora están tan de moda”.

Sin embargo, dicen otros expertos que, sin estar en desacuerdo con esta tendencia, "lo que no puede hacer un hostelero es mentir”.

La FACUA también está de acuerdo con esta afirmación e insiste en que, siendo positivo para el cliente, es fundamental avisarle, en cualquier caso, sobre el origen de la comida que va a consumir. Este hecho es una obligación en lugares como Francia en los que los productos de quinta gama están bastante más introducidos. Sin embargo, si preguntáramos en restaurantes españoles, nadie lo reconocería. 

¿Qué más podemos decir sobre la quinta gama? Los mismos trabajadores de restaurantes de cocina tradicional afirman sobre ella: "Es verdad que los controles de sanidad son brutales, y muchas veces más seguros que hacerlo en el sitio, pero al final te encuentras las mismas salsas en todos sitios”. Es decir, existe el peligro de la "estandarización", no hay margen para la improvisación, para acudir a un restaurante y paladear el estilo personal de un chef en concreto, todo se unifica porque usan los mismos productos y trabajan con los mismos proveedores.

En este sentido, la Federación Española de Hostelería (FEHR) se pronuncia: "Ahí está el olfato y la profesionalidad que tiene que tener el establecimiento para no  abandonarse ni convertirse 100% en quinta gama”.