Desde que estamos inmersos en esta pandemia de la COVID-19, muchos han sido los artículos en los que hemos insistido en que una buena alimentación, y en concreto seguir la Dieta Mediterránea, es una de las armas más importantes que tenemos a mano para prevenir y combatir este virus.

En esta ocasión nos vamos a centrar en un aspecto que actualmente es recurrente en muchas noticias referidas a cómo combatir la COVID-19 desde la alimentación.  En ellas se hace referencia a los estudios que han puesto de manifiesto los beneficios de las vitaminas C y D en la lucha contra el coronavirus.

A raíz de estos estudios, se ha disparado la demanda de suplementos alimenticios que aporten estas vitaminas, cuando todo es mucho más sencillo que esto. Bastaría con llevar una alimentación acorde a nuestra rica y variada Dieta Mediterránea y tomar un poco el sol con las precauciones debidas, para obtener las cantidades suficientes de vitaminas C y D que te fortalezcan el sistema inmune.

Por ejemplo, para lograr las dosis requeridas de vitamina C (90 mg/día), podría bastar con unos 100gr de fresas, una naranja o kiwi, o, si prefieres verduras, incluir en alguna de tus recetas brócoli o pimientos. Estas cantidades de vitamina C contribuyen a reforzar nuestro sistema inmune sin necesidad de recurrir a suplementos.

En el caso de la vitamina D, su aporte y consecuente presencia en sangre, ayuda a evitar el agravamiento de pacientes por coronavirus. De hecho, diversos estudios han concluido que un 80% de las personas que necesitaron ingreso en el hospital por COVID-19, tenía carencias de Vitamina D. De ahí que se haya visto incrementada también la demanda de suplementos de esta vitamina. Sin embargo, al igual que ocurre con la vitamina C, los niveles recomendados de vitamina D se pueden lograr mediante una adecuada alimentación, y adicionalmente a través de una exposición al sol, siempre con las debidas precauciones.

Ejemplos de alimentos que contienen vitamina D: pescados ricos en ácidos grasos (salmón), huevos, o hígado de ternera. También otros pescados como el atún o las sardinas, así como algunos mariscos (gambas y langostinos) o las setas y el aguacate.

Por tanto, si una persona sigue una dieta basada en la Dieta Mediterránea en la que abunda el consumo de fruta, verduras, legumbres y, de forma moderada, la carne y el pescado, y además elimina los predominados y el fast-food, se encuentra preparada para combatir dentro de lo posible esta enfermedad sin necesidad de acudir a suplementos.

Por concretar aún más, los especialistas recomiendan:

     Una correcta hidratación

     Consumo diario de fruta y verdura

     Lácteos semidesnatados (incluidos quesos)

     Carnes blancas mejor que rojas

     Pescado 2-3 veces a la semana

     Huevos 3-4 veces por semana

     Frutos secos crudos o tostados

En resumen, todo lo comentado hasta aquí es de fácil cumplimiento para aquellas personas que han hecho de la Dieta Mediterránea un modo de vida.

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