ELIGE EL QUESO QUE MÁS TE CONVIENE

La procedencia del queso es importante para nuestro organismo, al mismo tiempo que está más acostumbrado a aquellos quesos que hemos tomado más veces a lo largo de nuestra vida.

1. ANTEPÓN SIEMPRE EL QUESO TRADICIONAL

En Francia, se ingiere, por término medio, 27 kilogramos de este derivado lácteo al año, tres veces más que en nuestro país. Sin embargo, conviene destacar que mantienen un buen y saludable estado físico con bajas tasas de obesidad según diferentes estudios. Es obvio que influyen otros muchos elementos, pero indudablemente, el queso convencional es parte de su comida real.

Los quesos Cabrales, Gorgonzola o Roquefort reducen la probabilidad de contraer una infección o enfermedades en las arterias coronarias debido a los hongos que contienen (el más conocido es el Penicillium). Además, estos quesos son los seleccionados por los que prefieren sabores intensos.

Si lo que prefieres es tener ayuda para la digestión de tu intestino, entonces los quesos de aspecto blanco ya sean queso de cabra, Camembert o Brie, son los que necesitas, gracias a los diferentes tipos de hongos que contienen también.

En cuanto a la mejora de los niveles del colesterol, destaca el queso Gouda ya que, según varias investigaciones, disminuye las probabilidades de sufrir un cáncer de mama gracias a las propiedades anticancerígenas del ácido linoléico conjugado (ALC) que incluye en su grasa.

Pero si ya nos ponemos a hablar de quesos más o menos maduros, entonces mejor que elijas según tus preferencias. Eso sí, ten siempre en cuenta que, a mayor curación, menores son las cantidades de lactosa. Si no tienes problemas con la digestión de esta sustancia, entonces te recomendamos el queso Feta. Normalmente, los de procedencia ovina proporcionan una mayor cantidad de ALC que los de procedencia vacuna o de cabra. Los porcentajes más bajos en cuanto a personas con cáncer de mama se encuentran en las islas griegas, donde, curiosamente, se come más de este tipo de queso según los investigadores.

Algunas investigaciones señalan que comer quesos con poca grasa no implica mejoras en la salud del corazón. Por ejemplo, el Brie o el Gouda incluyen grandes cantidades de vitamina K2, ausente en la mayoría de las comidas que hacemos. Esta vitamina es muy buena para el corazón, dentadura y estructura ósea y es mejor asimilada con grasa.

2. CONTROLA LOS MANUFACTURADOS

Cultivos lácteos, sal, leche y la sustancia para cuajarla, son los únicos componentes que necesita un queso natural. En cambio, con los manufacturados, como el queso en porciones, no es igual. Estos requieren grasa de leche, corrector de acidez (ácido láctico), sales fundentes... Por ello, olvídate de todas las características beneficiosas comentadas anteriormente.

Por otra parte, los quesos más procesados y empaquetados tienen más probabilidades de estar contaminados con determinadas sustancias como los ftalatos (disruptor hormonal). Pese a que su ingesta en momentos puntuales no conlleva ningún riesgo, algunos estudios muestran cómo las cantidades de esta sustancia van aumentando al mismo tiempo que aumenta el procesamiento de los quesos.

3. SUPRIME LOS PRODUCTOS SUCEDÁNEOS

A la cola del ranking se encuentran los productos “similares” al queso. Son realizados con almidones y aceites refinados y les añaden algo de queso para que sepan a ello. Éstos son, por ejemplo, los quesos para untar.

Sus componentes son lactosuero, agua, sal y sales fundido (E-330 y E-331), almidón modificado, colorantes (E-160a, E-171), conservantes, grasa vegetal y queso.

Y ahora que conoces mucho más sobre quesos, no te olvides leer detenidamente sus ingredientes. La semana que viene seguiremos contándote los beneficios del queso, ¡no te lo puedes perder!