Ya en 1931, Winston Churchill habló sobre este tema en su escrito “De aquí a 50 años”, donde se podía leer la siguiente frase: “Acabaremos con el absurdo de criar un pollo para comernos su pechuga o un ala haciendo crecer solo esa parte en un medio adecuado”. Ya entonces, planteaba la posibilidad de elaborar carne sintética en un laboratorio, sin que tener que pasar por una sala de despiece.

En la actualidad, esta idea ya no es ficción sino realidad. Existen empresas como Memphis Meats, en USA, que se están dedicando a ello. Sintetizan carne con sabor a ternera, pato o pollo y lo llaman “ganadería limpia”.  Los responsables afirman que “No es un producto vegano. Es carne”. Tienen previsto comenzar a distribuirla en 2021, es decir, dentro de muy poco tiempo.

Ahora mismo, quinientos gramos de este tipo de carne cuesta cerca de nueve mil dólares, pero sus creadores piensan que conforme se vaya mejorando y depurando el procedimiento de elaboración, se logrará disminuir su precio de venta al público hasta los cinco dólares.

De hecho, la carne de pollo y pato fue dada a conocer al gran público la semana del 20 de Marzo de este mismo año y dicen que tanto su jugosidad como su apariencia y olor atrajeron y persuadieron. Pero, ¿cómo lo hacen?

Utilizan células madre sacadas de la musculatura de un animal vivo para obtener, a partir de cada una, millones de células que se estructuran generando tejidos musculares. Se alimentan con proteínas, glucosa y lípidos que se extraen de algas y se consigue que el tejido se densifique con corrientes eléctricas, como si de un gimnasio “in vitro” se tratara.

Ese es básicamente, el método de fabricación utilizado por Mark Post, biólogo holandés, la primera persona en hacerlo. Hace unos 4 años aproximadamente se degustó en directo, su creación: una hamburguesa de ciento cuarenta gramos llamada por sus opositores “Frankenburguer”.

La carne sintetizada en placas Petri tenía un tono blanquecino y para proporcionarle el rojo característico de este tipo de carne, se tiñó con zumo de remolacha. Tras la degustación, se constató que al tejido le faltaba jugosidad, es decir, grasa. Su coste fue de un cuarto de millón de euros.

Se prevé que será comercializada por su empresa, Mosa Meat, en unos 3 años, corrigiendo los defectos encontrados y que su precio de venta al público será de tan solo 10 euros.

Los que están a favor de esta manera de elaborar carne creen que constituye una estupenda alternativa de encarar el crecimiento de la población global, los efectos de las explotaciones ganaderas en la naturaleza y de no provocar estrés en tantos y tantos animales amontonados en dichas explotaciones.

La empresa Memphis Meats está en conversaciones con organismos como la FDA o "Administración de Alimentos y Medicamentos", en español y el USDA o "Departamento de Agricultura" estadounidense sobre las normativas que la regularían. En el caso del viejo continente, habrá que estudiar cómo clasificar el novedoso alimento revisando las leyes, estableciendo la cantidad y la tipología de aditivos que se le puede añadir... y , como dice Miguel Ángel Lureña (doctor de Ciencia y Tecnología de los Alimentos), "Enfrentarse a los prejuicios de la sociedad asociados a los alimentos fabricados en un laboratorio”.

Ante los detractores de la carne sintética, sus defensores sostienen que es igual de artificial como “meter a 100.000 pollos en jaulas y suministrarles una buena dosis de antibióticos” o un yogurt.

En cualquier caso, la ingeniería biológica especializada en la síntesis de alimentos e impedir el sufrimiento animal en las explotaciones ganaderas, está creciendo como la espuma. Son muchas las empresas de nueva creación que, siguiendo esta línea, se están poniendo en marcha para producir huevos a partir de células madre, leche sin vacas o piel para el sector textil.

Y tú, ¿qué opinas de todo esto?