El pasado 25 de Abril, en la conocida revista científica “Plos Biology”, un grupo de neurólogos investigadores de la Universidad Monash (Australia) junto con otros del “Centro Champalimaud para lo Desconocido” situado en Lisboa (Portugal), hicieron público un estudio que han realizado y en el que han podido identificar 2 especies distintas de bacterias que intervienen en las decisiones que toman los animales sobre los alimentos que comen. Estos científicos han probado que el microbioma o conjunto de bacterias del intestino se comunica con el cerebro para decidir qué alimentos comer. 

Es indudable que la composición nutricional de la dieta que tomamos junto al citado microbioma, pueden alterar la salud. En este sentido, el exceso de peso u obesidad se achaca a la combinación de ambos factores. Pero la hipótesis de que las bacterias intestinales puedan influir en el comportamiento, como se demuestra en el citado estudio, supone un enorme cambio conceptual.

En el estudio se utilizó la mosca de la fruta como “organismo modelo”. Con los experimentos realizados se pudo analizar pormenorizadamente la intrincada relación que existe entre las bacterias y los nutrientes de la dieta, así como sus consecuencias sobre la tendencia a ingerir unos alimentos en lugar de otros.

Al principio probaron que estos insectos, sin aminoácidos en su dieta, disminuían su fecundidad y tenían más predilección por la comida con un alto contenido proteico. Es decir, que suprimiendo todos los aminoácidos fundamentales se consiguió que aumentaran la necesidad de comer alimentos proteicos.

Al mismo tiempo, los neurólogos del estudio probaron el efecto directo, sobre la selección de diversos alimentos, de 5 tipos diferentes de bacterias que se encuentran, de manera natural, en el aparto digestivo de dichos insectos en estado salvaje.

Las conclusiones a las que se llegaron sobrepasaron las expectativas de los científicos: concretamente, 2 tipos de bacterias tenían el poder de suprimir el incremento de la necesidad de consumir proteínas en aquellas moscas de la fruta que estaban privadas de los aminoácidos esenciales en su dieta. Uno de los investigadores, Carlos Santos, indicó: “Con el microbioma adecuado, las moscas de la fruta son capaces de hacer frente a estas situaciones nutricionales desfavorables.”

En este insecto conviven solo 5 especies principales de bacterias, sin embargo, en los seres humanos existen varios cientos. Por ello, es fundamental usar organismos animales simples como modelo para entender más fácilmente las variables que pueden afectar de manera decisiva a la salud de los humanos.

Por otra parte, al plantearse la pregunta sobre la manera de actuar de estas bacterias para conseguir modificar el apetito, los experimentos no probaron que dichos microorganismos facilitaran a las moscas los aminoácidos que les faltaban. Parece ser que provocan una alteración de su metabolismo que influye directamente sobre su organismo, simulando un situación de saciedad del nivel proteico que necesitan.

En definitiva, este estudio prueba que:

-         El microbioma del intestino incide en el cerebro alterando el apetito de los animales.

-         También puede ser que utilicen un procedimiento desconocido hasta ahora.