Esta semana seguimos hablando de nuevos estudios interesantes realizados en el campo de la investigación de los alimentos y sus efectos sobre el cuerpo humano. Es el caso del estudio sobre el "Efecto de la alimentación con el pan de larga fermentación sobre el microbioma intestinal y la inflamación sistémica" realizado conjuntamente por el Biomed y el Instituto de Ciencias de la Salud de Aragón. Es la primera vez que se intenta demostrar la existencia de una relación entre ambos: el microbioma y el pan.

La primera parte del estudio se ha realizado con ratones y se ha valorado la influencia del pan (dependiendo de la manera en que se haya fermentado) en la conservación y desarrollo de las bacterias del intestino (microbioma o "conjunto de microbios, virus, hongos y levaduras existentes en el intestino que ayudan a digerir los alimentos").

Los investigadores han llegado a la siguiente conclusión durante la primera etapa del estudio: El hecho de que la dieta nutricional mejore consumiendo pan de buena calidad supone una serie de beneficios significativos para la salud que contribuyen a evitar que se puedan padecer determinadas dolencias, alergias e intolerancias alimentarias como a la lactosa o al gluten.

Se constató que si el pan es de poca calidad, con un proceso de fermentación corto, el microbioma o flora bacteriana cambia y causa un proceso inflamatorio sistémico que, con el paso del tiempo, puede provocar perjuicios en su estado de salud.

Por el contrario, si el roedor se alimenta de pan elaborado en un proceso de fermentación largo, el riesgo de padecer determinadas patologías e intolerancias alimentarias disminuye. Si el pan es integral, el microbioma responde positivamente.

Durante la segunda parte de la investigación, se van a realizar las mismas pruebas en personas con el objetivo de saber la incidencia que tiene el factor del tipo de pan que se consume en los humanos. Se van a estudiar con especial atención aquellos grupos de población más sensibles como son la tercera edad y los niños.

Si la dieta es apropiada, el microbioma se podrá conservar en perfecto estado, sin embargo, cuando la alimentación no es correcta, se produce un proceso inflamatorio que, con el paso de los años, provoca cambios en el sistema inmunológico que pueden terminar en una celiaquía, intolerancia a la lactosa o a otros nutrientes.

Al mismo tiempo, todo este cuadro influye en el nivel de fatiga y agotamiento de las personas y puede contribuir a que se padezcan otras patologías como la diabetes, la obesidad o el colon irritable.

Como indica el principal científico del estudio, Antonio Rezusta, “buena parte de nuestra salud depende de tener un microbioma no inflamatorio”.